Cae la noche. La autopista congestionada, los coches ruidosos, las bocinas enfurecidas, y tu… vuelves a pensar en ella; al parecer el trabajo no bastaba para arruinarte el día, aun faltaba la maldita memoria, inoportuna como siempre. Imaginas sus bellos ojos reflejados en el parabrisas, sus hermosos labios difuminados en la luz del coche de enfrente, y su exquisito aliento en tu aromatizador.
Cruzas cerca de una discoteca. Te parece verla en brazos de otro, mientras ambos bailan al son de la pegajosa música juvenil, iluminados por las lámparas y la tenue luna llena. La ignoras y sigues conduciendo, con lágrimas en los ojos.
Por fin divisas tu apartamento en las cercanías. Añoras las noches en las que la veías llegar bajo la implacable lluvia, la hacías entrar en tu cuarto y, bajo las sabanas, le decías que la amabas, que nada los separaría jamás, jamás, jamás…
Disimulando tu depresión, saludas al portero, que a medio dormir te devuelve las buenas noches. Subes por el ascensor. Abres el apartamento, tiras tus cosas encima del sofá, agarras la botella de whiskey del refrigerador y te diriges directo al cuarto. Quieres descansar.
Enciendes el reproductor, colocas en el él primer cd de The Beatles que encuentras, suena Imagine.
Bebes un sorbo de whiskey mientras observas por la ventana: las personas diminutas, preocupadas por que llegaran tarde a casa, los autos corren rápido en la calle; tú los observas, pareces aprender.
Te preguntas si existen razones para seguir viviendo. Una lágrima resbala por tu mejilla y cae en la botella. La arrojas al suelo y empiezas a llorar desconsoladamente, deseando tener a alguien cerca, ignorando que lo tienes…
-ven- una voz te llama desde la cocina –sé lo que quieres, yo te lo daré-
Te acercas a la cocina. No hay nadie allí, solo la espesa bruma de la noche.
Coges un cuchillo del estante, afilado, deseando probar carne. Abres el mismo estante y sacas unas pastillas para el insomnio. Sabes lo que harás.
Entras en la ducha. La abres y te recuestas. Empuñas el cuchillo con firmeza y empiezas a cortar las venas verticalmente, de arriba para abajo. Solo un pequeño gemido de dolor se escapa de tu boca, nada más, todo en silencio. Te tomas una pastilla. Al fin, descansaras.
Cierras tus ojos y empiezas a delirar. Un leve sopor se apodera de ti y no te deja pensar con claridad. Tu vida pasa frente a tus ojos; todo acaba, todo se desvanece, al fin tu inútil vida da a su fin…
Te espero en el infierno
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